Santuario de la Virgen de la Cueva.

Situado en la parte más baja del lugar de La Llana, margen izquierda del río La Marea (conocido también como río Mon y río Ranera), frente a la campiña de La Cueva, se abre en la roca caliza dispuesta en estratos casi horizontales; la base de la Cueva tiene aproximadamente noventa y cuatro metros de boca por veinticuatro de fondo y la oquedad es de unos veinticuatro metros de altura en la entrada, disminuyendo la altura de la bóveda rocosa (en arco parabólico) hasta su unión con el suelo en el fondo, donde se forma la cabecera del Santuario.


No hay datos precisos sobre el origen del Santuario, aun­que algún autor lo sitúa en el siglo XIII en base a la leyenda transmitida por vía oral, a través de los siglos, de generación en generación. En el año 1850, el Semanario Mundo Pintoresco (de Madrid) publica un artículo, escrito años antes por el erudito asturiano Don Nicolás Castor Caunedo, en el que se relata la leyenda:

«..En una época lejana, y no consignada en las crónicas, un noble paladín de origen portugués que se hiciera célebre por su esfuerzo en las batallas contra los moros, al regresar a su castillo de una expedición guerrera encontró muerta a la joven que amaba, y a la que iba en breve a llamar esposa. Tan inesperado desastre hizo casi perder la razón al enamorado adalid, que suponiéndolo castigo del cielo por sus numerosos pecados, huyó lejos de su morada y de su país con objeto de esconderse a la vista de los hombres en algún lugar oculto e inaccesible, y consagrarse allí a una vida de dolor y penitencia. Encerróse, pues, en esta cueva, cubierta a la sazón dejarales y maleza, y vivió en ella largo tiempo, alimentándose de yerbas y orando continuamente. El cielo se apiadó del devoto paladín, y premió su arrepentimiento con un precioso presente, que consistía en una imagen de la Virgen que en el sitio más retirado se le apareció milagrosamente. No confió a nadie ni el secreto de su existencia ni la del sagrado tesoro que encontra­ra; pero la Madre de Cristo lo reveló en sueños al piadoso cas­tellano de la cercana Torre de Lodeña, señor feudal de aquel territorio. Acudióéste en el instante a la Santa Cueva para cer­tificarse por sí mismo de la maravilla, y con sorpresa inexplica­ble reconoció en el solitario un antiguo hermano de armas. Prometióle no dar a conocer su nombre, e hizo allí construir una capilla que confió al cuidado del antiguo caballero portu­gués, que en traje de ermitaño consintió ya dejarse ver a los hombres.
Los señores de la Torre de Lodeña, conservaron por mu­chos siglos el patronato de la ermita de la Virgen de la Cueva, como consta de la escritura de fundación de la capilla del Car­men, sita en el mismo Santuario, otorgada a 26 de noviembre de 1706,...»

 


Se remonta al siglo XVI el primer dato histórico, un escudo de piedra con la inscripción «MRIA AÑOd 1534», sobre el ori­gen del Santuario de la Cueva; en dicha fecha, los señores de Sofelguera (Qués) fundan la capellanía de Nuestra Señora de la Concepción y erigen una ermita, con esta advocación, en el paraje de la Cueva; se construye un refugio y un hospital para peregrinos e indigentes y las visitas de orantes son cada vez más concurridas, siendo precisamente estos fieles los que cambian la advocación mariana bajo el nombre de Nuestra Se­ñora de la Cueva. Ante estos hechos los señores de Sofelguera construyen en su palacio una nueva capilla (año 1624) dedicada a la Virgen de la Concepción (hoy de Santa Rita), trasladan­do a la misma, tras la correspondiente adaptación, el antiguo retablo de la ermita de la Cueva.
Los mismos señores de Sofelguera fundan, en la Gruta, una nueva capilla (año 1706) dedicada a la Virgen del Carmen, que fue reedificada en 1803 con idénticas características que la capilla de San José (1734).
El gran benefactor de Pilona Don Juan Blanco, nacido en la parroquia de San Juan de Berbío y fallecido en el Parral de la Nueva España, dejó mandado por su testamento la construc­ción de una capilla para Nuestra Señora de la Cueva; realizadas las obras, se abre al culto en 1734 la nueva capilla con la advocación de San José, ya que la imagen de la Virgen de la Cueva no se entronizó en la misma.
La capilla titular de la Virgen de la Cueva, de pequeñas dimensiones, se construye en la segunda mitad del siglo XVIII, si­tuándola sobre el fondo de la Gruta a continuación de la de San José y del hospitalillo de peregrinos.
Por último, se edifica oirá pequeña capilla dedicada a! Cristo de las Rogativas, que se sitúa, sobre el fondo, como pro-
A finales del siglo XVIII queda terminado el Santuario, al que se accede por el camino real o de los romeros que bordea la margen izquierda del río La Marea; el recinto está formado por dos grupos de capillas de fachadas paralelas entre sí y perpendiculares al río; el lateral izquierdo lo forman las capillas de Nuestra Señora del Carmen a la que sigue la capilla del Cristo y remata, sobre la roca del fondo, con el Refugio de Peregrinos; detrás de los edificios se encuentra la Casa de Capellanía.


La parte derecha está integrada por: la capilla de San José, a continuación el Hospitalillo de Peregrinos (con acceso por la parte posterior) y, por último, la pequeña capilla de la Virgen de la Cueva que remata sobre la bóveda rocosa; cierra el recinto, dando frente al camino real, un bajo murete de piedra que une las capillas del Carmen y San José (en las que destaca su cúpula de casquete esférico), realizándose la entrada a través de un portillo centrado; al fondo de la Gruta se alinean varios confesionarios de madera. Las capillas, que tienen las portadas conde de y rejas de madera tallada y torneada.
Al desaparecer la Cofradía de Nuestra Señora de la Cueva, este recinto sagrado queda en total abandono desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los primeros años del XX, en cuyo primer cuarto se realizan obras de adecentamiento y reformas, con la colocación de una verja y puerta (entre esbeltas columnas) de hierro forjado en el cierre de la Cueva, quedando el Santuario en muy buenas condiciones. Esta positiva situación se mantiene hasta los tristes acontecimientos de 1936 en que se produce la quema y expolio del Santuario para convertirlo en fábrica de pólvora...
La imagen de la Virgen de la Cueva fue salvada de la barbarie por manos piadosas.
A partir del año 1937 (fecha de la liberación) se inician las obras de reconstrucción, unas veces más lentas y otras con mayor celeridad, que cambian radicalmente el aspecto de la Cueva, presentando actualmente el Santuario la siguiente perspectiva:
Se amplía el recinto primitivo con el traslado del múrete y verja hasta la margen izquierda del río La Marea, quedando la superficie con forma aproximada a un triángulo isósceles, cuya base es una línea quebrada casi perpendicular al río, el lado del fondo de la gruta es una línea curva cóncava que forma la bóveda en su unión con el suelo, y, por último, el tercer lado es una línea quebrada convexa que bordea la curva del río en su margen Izquierda. El acceso se puede realizar a través de dos puertas, la primera situada en e! antiguo camino de peregrinos v la segunda, frente a la pradería de La Cueva, atravesando un moderno puente de fábrica con ojo de arco rebajado y escalinatas, que tiene barandilla de hierro forjado, situado sobre el río La Marea: este cómodo y amplio acceso facilita la comunicación con el Santuario, aunque posiblemente pierda intimidad el sagrado lugar. El retablo, sobre la cabecera de roca, es de piedra labrada, tiene la inscripción AVE MARÍA y la parte central es saliente con peana moldurada que soporta la imagen de la Virgen de la Cueva. Se accede al altar, en plano más alto, por amplia escalinata, cerrándose el presbiterio (a ambos lados) con artística barandilla de hierro forjado.


Limitan el recinto: por la margen izquierda del río, un múrete de sillería con columnas cuadradas rematadas con cornisas y bases para colocar los símbolos de las estaciones del viacrucis, cierran (entre las columnas) unas verjas de hierro forjado; por la izquierda un muro de piedra con cornisa y por el fondo la roca de la gruta. Las dos portadas, que son de sillería con amplios arcos de medio punto y frontón, cierran con artísticas puertas de barrotes en hierro forjado.
A la derecha del altar de la Virgen se encuentra la sacristía; tiene puerta dintel, techo plano y tres ventanas rectangulares con vidrieras emplomadas de colores; por una escalera exterior se sube al coro (sobre la sacristía) que tiene barandilla de celosía sobre voladizo de fábrica. A continuación está la Capilla del Santísimo Sacramento, a la que se accede por puerta dintel de madera con artística talla de los 4 Evangelistas; el ábside, más alto y de planta semicircular, tiene cabecera de piedra con imposta moldurada e inicio de bóveda avenerada seguida de la bóveda natural de la roca.


Sobre nicho, enmarcado con moldura, de arco carpanel se encuentra un artístico Sagrario; un arco de triunfo (parcialmente construido hasta su entronque con la bóveda de roca) con imposta moldurada separa la nave que es más ancha, rectangular y con techo natural de roca; en el centro se inicia una arco perpiaño con imposta sobre columna adosada a la fachada longitudinal, que es de piedra con imposta corrida interior y exterior; en esta fachada dan luz natural siete ventanas rectangulares con vidrieras de colores emplomadas, y en el pie hay tres vidrieras de colores sobre celosía; una puerta dintel comunica con la sacristía.
Sobre el muro perpendicular al río se conservan dos fachadas de sillería, de la antigua capilla de Nuestra Señora del Carmen, con sus arcos formeros; la de la izquierda tiene dos nichos con arco de medio punto, el superior más pequeño y el inferior con solera voladiza de piedra e impostas; la fachada frontal tiene un balcón dintel con voladizo en piedra moldurada y artística balaustrada de madera; una entrada dovelada con arco de medio punto da acceso a la Capilla de la Reconcilia­ción; es de techo plano y un pasadizo comunica con una sala cuadrada de columnas cilíndricas con basa y capitel, moldurados, que soportan arcos de medio punto con impostas, siendo la bóveda natural de roca; al fondo está la Sala de Meditación donde, en cueva natural, una urna contiene un Cristo Yacente; a la derecha está la Sala de Penitencia con varios confesona­rios para los visitantes y romeros: cuatro ventanas rectangulares con vidrios de colores emplomados dan luz a este recinto. La parte alta, a la que accede por escalera exterior, tiene ba­randilla de celosía sobre voladizo de fábrica en la zona situada frente al altar de la Virgen de la Cueva.
El Santuario sigue siendo el centro espiritual de Pilona: son continuas las visitas de fieles y en él celebran el sacramento del matrimonio numerosos piloñeses y asturianos. En los últimos años, durante los meses de junio, julio y agosto, se celebra la eucaristía todos los domingos y festivos para facilitar el cumplimiento de la misa a los numerosos visitantes que nos acompañan en estos días de asueto.

 

IMAGEN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA CUEVA
La espectacular belleza del lugar queda realzada, si cabe, el día de la fiesta principal de! Santuario que se celebra, con toda solemnidad, el día 8 de setiembre (Natividad de la Virgen) precedida de la solemne y tradicional novena a. la Virgen de la Cueva entre los días 31 de agosto y 8 de setiembre. La procesión, por la campiña de la Cueva, que bordea el antiguo río Ranera, la Salve a Nuestra Señora y el himno a la Virgen de Covadonga, culminan brillantemente los cultos dedicados a la Patrona de Pilona.

 

Publicado en la revista Piloña, Nº 17, Primer trimestre de 1996.