En el siglo XX, en 1923 y merced al legado de don Ramón del Pando Valdés, se pavimentó el patio, y ya fue preciso desprender del techo una roca de unas veinte toneladas que amenazaba con precipitarse al suelo. También se amplió la capilla de Nuestra Señora de la Cueva a costa del espacio ocupado por el edificio del hospital ya derruido y se cercó el recinto con una verja de hierro. En 1936 la instalación en el

recinto de una fábrica de explosivos  causó irreparables daños en las edificaciones,  en el mobiliario y en los objetos del culto. Concluida la contienda civil, se procuró, en la medida de lo posible, reparar los desperfectos y se tendió  entre el santuario y el Campo romero, recientemente adquirido y acondicionado por el concejo, el actual puente sobre el río de La Marea.
En 1965, el Ayuntamiento de Piloña, siendo alcalde don Eusebio Lueje Sánchez, encomienda la elaboración de un proyecto para remodelar radicalmente el Santuario al arquitecto de Gijón don Antonio Roibas de Inza. El presupuesto alcanza los dos millones de pesetas, aparte la aportación laboral gratuita de vecinos de Ques, Infiesto y Berones. Se derruyen las capillas y demás edificios; se retiran los escombros y el Santuario adquiere una nueva, radical y controvertida fisonomía: el altar de la Virgen, en el fondo y centro de la cueva transforma a esta en una monumental capilla. A la derecha se alza un edificio, rematado en una terraza con balaustres, que proporciona entre otros, espacio para sacristía. A la izquierda, y conservando lienzos de pared antiguos, se construye otra edificación en correspondencia con la ubicada a la derecha. Todo el recinto queda cerrado por un murete y una puerta central de forja. Las obras se financiaron con los donativos de muchos devotos de Piloña y de América. Desde entonces hasta el año 2000 se celebró el culto en el Santuario con regularidad, especialmente bodas, ofrendas de avellanas, ceremonia de la coronación de Nuestra Señora de la Cueva,  novenas y la fiesta anual en honor de la Virgen de la Cueva.
En el año 2000 un desprendimiento del techo de la cueva destroza la casa de los guardeses y el Arzobispado de Oviedo decide clausurar el Santuario por motivos de seguridad. La imagen de la Virgen de la Cueva fue trasladada a la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Ques.

Para acometer las obras de rehabilitación integral de la Cueva se constituyó una comisión presidida por el párroco de

Infiesto, D. Francisco Donate. Se realizaron en una primera fase las siguientes actuaciones: el estudio de la patología de los desprendimientos del techo; la demolición manual de las capas inestables de la bóveda; la elaboración de un informe geotécnico por el Departamento de Geotecnia de la Facultad de Geología de la Universidad de Oviedo; el levantamiento de planos topográficos; y, por último, la elaboración del Proyecto de saneo de los elementos que puedan significar peligro de derrumbe o de disgregaciones y fragmentaciones constantes de la roca caliza, en cuyo abrigo está el Santuario. Se lleva a cabo la solución  aplicada en el  monasterio  de San Juan de la Peña, en la Diócesis de Jaca, monasterio, que contiene elementos de un muy alto valor artístico y fue levantado también al abrigo de una enorme cueva natural. En consecuencia, se procede al cosido y  fijación de las grandes masas agrietadas mediante bulones hincados en la roca. También se fijan otros bulones en la parte superior de la cueva y en el fondo de la misma, para el tendido de cables de acero que articulen las guías para la colocación de una malla o red con la que se evite el desplome de los fragmentos de roca que de forma frecuente se desprenden sobre el área ocupada por las personas cuando se participa en el culto.

Desde el 29 de septiembre de 2007, don Manuel García Velasco se encarga, entre otras, de las parroquias de San Antonio de Padua (Infiesto) y de Santa Eulalia (Ques). La reapertura del Santuario al culto será uno de sus principales objetivos; para ello será preciso continuar las obras de rehabilitación iniciadas bajo la égida de D. Francisco Donate. Después de la inicial toma de contacto con el problema, Don Manuel inicia una eficaz y atractiva campaña de información para allegar los recursos necesarios y para informar de las actuaciones que se habrían de acometer y del presupuesto necesario para llevarlas a feliz término. Pronto se pone en marcha la segunda fase de la restauración, que ha consistido en la construcción de una capilla en el solar que ocupaba la antigua

del Carmen, de la fábrica de un muro en el lateral izquierdo del Santuario con su verja, de la reparación de los muros existentes y renovación de la correspondiente verja, de la mejora en la instalación del alumbrado y la megafonía, de la adecuación de otras dependencias aledañas y de los arreglos del camino antiguo y de la fuente situada en la orilla derecha del río. Todo ello se ha concluido con rapidez, oportunidad y muy buen gusto. La admiración de propios y extraños que suscitan el Santuario y su actual estampa son, sin duda, el más cálido reconocimiento a todas las personas y entidades que de una forma u otra hicieron posible el feliz resultado.
La inauguración de la nueva capilla se celebró el domingo,  26 de abril de 2009. Los actos comenzaron a las cinco de la tarde cuando la imagen fue trasladada en nutrida y emocionante  procesión desde la parroquial de Ques hasta el santuario de la Cueva. A la altura del puente del Canalón, la esperaba la Banda de Música de Infiesto, que la acompañó hasta su destino. Los actos religiosos estuvieron presididos por el obispo auxiliar y administrador de la diócesis, don Raúl Berzosa, asistido por el párroco de Infiesto, don Manuel García Velasco,  y otros ocho sacerdotes. Entre las autoridades, estuvieron presentes el alcalde de Piloña, don Camilo Montes, varios miembros de la corporación municipal piloñesa y representantes de varias corporaciones municipales del Oriente. El párroco de Infiesto, don Manuel García Velasco, agradeció la colaboración prestada por cuantos hicieron posible con su generosidad la ejecución de las obras: Arzobispado, Ayuntamiento de Piloña y feligreses. La inversión ascendió a un total de 171.068,49 euros. En el presente queda, para una rehabilitación completa, sustituir la pavimentación, el portón de acceso y otras mejoras de menor entidad. Estas últimas obras constituirán la llamada tercera fase del proceso de restauración.

El culto mariano. La imagen de la Virgen de la Cueva

La devoción y culto a María aparece ya en los primeros tiempos del cristianismo. Datos que subrayan la importancia de la Virgen en la obra de salvación y plantean la inseparabilidad del culto mariano del tributado a Jesús son, en el devenir de los siglos, algunos pasajes evangélicos bien conocidos; la primera y más antigua representación maternal de la Virgen con el Niño en las catacumbas de santa Priscila y las enseñanzas de san Justino, de san Ireneo y de otros santos padres, que  hablan de María como la nueva Eva, madre celestial y corredentora del género humano. Su culto se manifestó también desde el principio del cristianismo con la invocación de María como “Theotokos” (Madre de Dios), título que fue confirmado, después de la crisis nestoriana, por el concilio de Éfeso, celebrado en el año 431. La celebración de este título mariano, «María Theotokos», tuvo lugar el día 15 de agosto, en Jerusalén; esta solemnidad se convirtió después en la fiesta de la Dormición o de la Asunción de María a los cielos. Algo más tarde, bajo el influjo del Protoevangelio de Santiago, se instituyeron las fiestas de la Natividad, de la Concepción y de la Presentación, que contribuyeron notablemente a destacar algunos aspectos importantes del misterio de María. De estas celebraciones nos interesará particularmente la de la Natividad de Nuestra Señora, que se celebra el 8 de septiembre, fecha consagrada a la veneración de la Virgen de la Cueva, pero cuya advocación inicial fue, como es sabido, la de la Inmaculada Concepción. La oración con que en esos lejanos tiempos se invocaba el auxilio de María es la titulada Sub tuum praesidium (Bajo tu protección y amparo); se trata de la oración mariana más antigua y todavía hoy es pronunciada.

        En el siglo XI la devoción a la Virgen  conoce un incremento espectacular que continúa en los siglos siguientes. Los fieles invocan a Nuestra Señora con nuevas plegarias, entre las que cabe destacar el Avemaría, la Salve y el Ave, Maris Stella. Los temas de la Asunción, Anunciación, Purificación de

Nuestra Señora y Natividad de María son tratados mediante diferentes expresiones artísticas: pintura, escultura, literatura o música. También se erigen en toda Europa, y en particular en España, muchos monasterios e iglesias dedicados a Santa María. Sin embargo, en el siglo XVI se produce en el centro y norte de Europa una inflexión en su culto con motivo de la Reforma luterana. Este hecho y su respuesta católica, el Concilio de Trento, intensificará, si cabe, la devoción a María en España. Así, en esta época proliferan las fundaciones de ermitas, conventos, capellanías, santuarios, iglesias con advocación mariana; se instauran nuevas celebraciones como la Festividad de Nuestra Señora de las Nieves,  la de la Merced, la del Buen Consejo o la de la Virgen del Rosario.

        En particular, son abundantes las ermitas cuyos orígenes históricos, suficientemente documentados, se remontan  al siglo XVI. Una gran parte de ellas llevan asociadas leyendas fundacionales de carácter maravilloso que, además, quieren postular una antigüedad superior aunque de fecha indeterminada y remota. Se trata de ermitas apartadas de poblado en que se rinde culto a la Virgen a través de imágenes con pretensión de milagrosas ya por su origen sobrenatural, como en el caso de la Cueva, ya por los prodigios que por su maternal intercesión se manifiestan. En este último caso, según las leyendas, la imagen es el resultado de una “inventio” o hallazgo inesperado (la imagen es hallada en una cueva, en un árbol o arbusto, sobre una roca, en el mar, etc.). La forma del hallazgo suele dar nuevo título a la Virgen, y así recibe culto bajo las advocaciones de Nuestra Señora de la Cueva, como en Piloña, en la Hermida, en Hontangás, en Mira, en Caminreal, en Esparragosa de Lares, en Oroel (Jaca), en Segorbe… o de  Nuestra Señora del Acebo, del Portal, del Carbayu, etc. Sin duda tales leyendas remiten a que en los espacios que señalan se rendía alguna forma de culto a la Virgen, con anterioridad a la consolidación formal de la ermita, bien porque existiera el recuerdo de que en fecha no determinada algún anacoreta se hubiera retirado y permanecido allí hasta su muerte, con lo que tal paraje quedaba sacralizado por acoger en su entorno el cadáver del eremita, ya un “cuerpo santo”; o bien porque  la presencia previa de un penitente solitario había dado pie a la fundación real de la ermita; o porque se eligiera el lugar por su naturaleza geológica, paisajística o numinosa, que remitía confusa pero perceptiblemente al terreno de lo sagrado.  Sea como fuere, la ulterior ermita vino a otorgar letras patentes a la forma tal vez espúrea y quizá hasta pagana o supersticiosa de culto que allí se celebraba. De modo, que en principio el lugar atraía a los devotos, a los peregrinos y posteriormente será la imagen entronizada, como veremos, quien convoca a los fieles.